jueves, 25 de agosto de 2011

Jardín de anhelos.

Y tú, ángel lejano, apareces y desapareces en mi jardín de los anhelos.
Vas por esquinas y recovecos,
por callejones y huecos,
por lejanas distancias,
escondiendo tus martirios
y las huellas indelebles del viento,
del dolor de vivir.

Distinta desde el principio.
Motivas la envidia de ese destino trastocado.
Llegaste en el momento no indicado,
en el planeta equivocado,
en circunstancias no adecuadas.

Tú no perteneces aquí, y la tierra celosa y cruel,
no ha tolerado tu osadía de inmigrante, sin visado ni documentos.

Y quisiera arrancar con manos firmes esa hiedra que cubre tu jardín de anhelos. Disipar las sombras que cubren tu mirada de ámbar. Remontar los años perdidos, engañar al destino y encontrar esperanzas, y esas ilusiones que murieron ayer, cuando el tiempo dejó de ser nuestro.
Quisiera cambiar todo de la noche a la mañana, inventar el antes y después de un beso irreal, fugaz, inexistente.

Quisiera tener la palabra precisa y el verbo adecuado para desbaratar tus miedos y convertirlos en una canción del recuerdo, del olvido, de ayer.

Olvidar la impotencia de un guerrero desarmado y transitar entre filas enemigas para descubrir tu desnudez y escalar la gloria.

Pero, el silencio triunfa una vez más.

Aún así, eres más fuerte que cualquiera, en el mundo de los hombres.
Y sólo un verdadero hombre puede llorar por una mujer como tú.

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